Malena, 25 años, Argentina

Decidí interrumpir mi segundo embarazo.

Tenía 21 y una hija de dos. Había retomado mis estudios terciarios un año antes y estaba realmente focalizada en continuar con ellos. No tenía trabajo fijo, ni la posibilidad de conseguir uno, ya que no contaba con alguien que cuidara de mi niña mientras trabajaba.

Con mi pareja, alquilábamos un pequeño departamento, del cual próximamente se vencía el contrato, por lo que no teníamos bien definido en donde íbamos a vivir a futuro, mucho menos pensábamos en traer otro ser a este mundo. Nuestra situación personal no estaba de lo mejor durante esos tiempos, las peleas eran reiteradas y atravesamos situaciones de violencia entre ambos.

Nos cuidábamos con preservativo, pero nos falló. No tomé el anticonceptivo de emergencia porque no lo creí necesario, algo de lo que todavía me arrepiento. Cuando me enteré del embarazo, mi vida se vino abajo, no puedo explicar con palabras el sentimiento de sentirse aprisionada en esa situación. Había estado embarazada anteriormente, incluso siendo todavía una adolescente, y las dos experiencias fueron totalmente distintas.

No puedo explicar con palabras el sentimiento de sentirse aprisionada

Fue en ese momento terrible de mi vida que tuve la suerte de contar con mi psicóloga (hacía terapia por depresión post-parto), quien logró ponerse en mi lugar y ayudarme a conseguir un lugar para comprar las pastillas sin receta. Mi familia me ayudó con el dinero para poder comprarlas, ya que al tratarse del mercado negro, costaban mucho más que en una farmacia regular.

Conseguí ocho, menos de la cantidad recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Hoy con toda la información con la que cuento, me doy cuenta que fue realmente arriesgado mi proceder y que tuve suerte de poder estar contando mi testimonio.

Yo tuve suerte, una familia que me contuvo y un compañero que estuvo ahí para mí cuando lo necesité, pero no todas cuentan con lo mismo, por eso agradezco que existan este tipo de organizaciones que den contención a las mujeres que desean interrumpir un embarazo.

Es una decisión muy difícil, pero si están seguras de que es lo mejor para sus vidas, deben contar con la información y la contención necesaria para poder realizarlo de la manera más segura. Demás está decir que la maternidad deseada es lo mejor que puede suceder en la vida, pero justamente DESEADA debe ser.

Años después de mi aborto, mi pareja y yo decidimos (increíblemente la situación difícil por la que atravesamos nos unió de una manera inexplicable) tener otro hijo. No me arrepiento de ninguna de mis decisiones, la experiencia me enseñó que un embarazo deseado es algo totalmente distinto de uno no deseado y que decidir si quieres, cuándo, cómo y con quién es lo más importante en la vida de una mujer.

Otra chica de Argentina nos cuenta que el preservativo y la pastilla del día después le fallaron