Carolina del Norte, Estados Unidos

Mi experiencia más personal y cercana con el aborto ocurrió mientras estudiaba la licenciatura en Carolina del Norte, Estados Unidos, un estado ubicado al sur de Virginia en la costa oriente del país.Me empecé a preocupar cuando me di cuenta de un retraso significativo en mi periodo menstrual al llegar a los 40 días sin que me bajara (en comparación, por supuesto, con el ciclo normal de 28 días).

Dije, “Bueno, si es que estoy embarazada voy a interrumpir.” Lo primero que me chocó fue que yo di por hecho que el seguro médico privado que tenía de parte de mi madre, por su trabajo en la universidad, incluiría este sencillo y necesario servicio de salud reproductiva. Pero al intentar verificar este simple dato me encontré con un laberinto burocrático y un sinfín de papeleo para enterarme realmente de los “términos y condiciones” de un seguro médico.

Busqué y busqué y busqué en el sitio web de la empresa de seguros sin respuesta, hasta que por fin pude hablar a su call-center donde al final me informaron de que no, que en realidad no estaba “cubierta” para un aborto: es decir, yo tendría que pagar el 100% del costo del tratamiento. Una noticia preocupante.

Pensando que en Planned Parenthood sería lo más económico, pedí su lista de precios por teléfono, y sorpresivamente el costo mínimo del aborto, fuese quirúrgico o con pastillas, era $475 USD. Y aún más preocupante, la clínica de PP que había visto cerca de la universidad estaba por cerrarse dentro de los próximos dos meses para una renovación de las instalaciones. La PP más cercana después de esa, estaba a hora y media de distancia, yo no contaba con automóvil, en un estado prácticamente sin transporte público entre las ciudades.

En otra clínica privada más o menos cerca de la universidad, un aborto con pastillas saldría en $450 USD. Eso todavía equivalía a mi renta mensual de la recámara cerca de la facultad; yo era estudiante en ese momento sin ingresos propios, y hubiera tenido que pedir el dinero a mi mamá, aunque dividiera el gasto con mi compañero.

Es allí donde entró la vergüenza, cuando pensaba que el seguro médico pagaría el procedimiento no estaba preocupada, pensé que yo podía gestionar el proceso sola, hasta pensé que podía ir sola a la cita sin informar a casi nadie. Pero luego, cuando vi que iba a ser tan pero tan caro en cualquier lado, vi que ya no iba a poder yo sola.

Mi compañero sí trabajaba y podía poner la mitad del dinero que le tocaría, y afortunadamente siempre me apoyó desde que le compartí mis sospechas del embarazo. Mi mamá también me hubiera apoyado, pero digamos que no está “chido” andar pidiendo cientos de dólares de repente para resolver una emergencia de este tipo. Por otra parte, el tener que platicarlo con mi pareja no fue algo agradable, por más bueno que fuera mi compañero. Contemplar este gasto significativo de dinero pesaba, no era romántica la idea del aborto y no encontré la forma de hacer más leve o lúdico el tema.

Una tarde después de cursar nuestras clases, mi compañero y yo caminamos a la farmacia cerca de la facultad y conseguimos una prueba sencilla de embarazo. Me acompañó a casa y con muchos nervios realicé la prueba de orina. Esperamos unos minutos y al final nos dio el resultado negativo. Pocos días después me bajó la regla como si nada, pero esta experiencia me hizo ver y aprender muchas cosas, y me obligó a aplicar lo que había sido “teoría” en lo concreto de mi vida personal.

En mi caso, que ni siquiera es un caso extremo, el mayor obstáculo para que yo accediera al aborto que necesitaría era el dinero. Mientras que en la Ciudad de México un aborto es gratuito en ciertos hospitales públicos, es indignante que en un país de “primer mundo” se extorsione a las mujeres de esta manera, obligándonos a gastar tanto en algo tan sencillo, un servicio de salud reproductiva al que es nuestro derecho humano acceder.

Espero que los demás países en todo el mundo reconozcan pronto este derecho que tenemos y subsidien este procedimiento, o que por lo menos, pongan el precio justo de a los medicamentos y procesos quirúrgicos, no los precios distorsionados por patentes legales y otras trabas tontas.

Mientras tanto, podemos agradecer el trabajo de las organizaciones que posibiliten que las mujeres accedamos a este servicio a un precio justo por medios no-estatales.

Firma: MS